Martes y trece

Si el número trece por sí solo es considerado de mal agüero, resulta fatídico si coincide en el calendario con el día martes, según la tradición española, o con su equivalente anglosajón, el viernes.

El origen de esta superstición, según los historiadores Gerónimo Zurita y Castro en los Anales de la Corona de Aragón y Juan de Mariana en la Historia General de España, se encuentra en la derrota que sufrió en Játiva, un martes, don Jaime I el Conquistador. Pero el verdadero origen de la maldad atribuida al día martes se debe a su asociación con los dioses Marte, dios de la guerra que implica la muerte.

La consideración del martes como día fatídico ha dado origen a varios refranes:

·         En martes, ni te cases ni te embarques
·         En martes ni gallina eches, ni hija cases
·         En martes ni hijo cases, ni cochino mates
·         En martes ni tela urdas, ni hijas cases, ni las lleves a confesar que no dirán la verdad.
·         En martes ni en tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu ropa tajes.

Al parecer, contándose las uñas en martes, día aciago, saldrán padrastros.

José Antonio Sánchez Pérez recoge en su estudio Superstición y supersticiones que los nacidos en martes serán desgraciados, tendrán vida corta y su ideal será la guerra.

La tradición anglosajona considera el viernes como día de mala suerte por ser el día que Cristo fue crucificado. La unión del viernes y el trece se ha popularizado en España como consecuencia de la serie de películas de terror comercializadas bajo este título; viernes 13, en su original Friday the 13th.

En la tradición anglosajona del viernes, correspondiente a nuestro martes, da mala suerte cortarse las uñas y el pelo en ese día.




La miel

Digestiva, expectorante, laxante… A diferencia del azúcar, aporta propiedades medicinales, por lo que puede ser una alternativa natural a este endulzante.
 
Elaborada con el néctar floral y recogida por las abejas, cada miel guarda las características de las flores de procedencia. Y no solo proporciona un sabor dulce, además de fructosa y glucosa posee vitaminas, minerales y enzimas a los que debe sus múltiples propiedades.

Bálsamo de salud. Las enzimas presentes en ella justifican que la miel facilite la digestión de los hidratos de carbono. Y todavía es más recomendable si se padece inflamación de la mucosa intestinal, puesto que tiene propiedades calmantes y cicatrizantes. Pero no solo el sistema digestivo se beneficia de ella; también el respiratorio. La miel tiene un suave efecto expectorante (es decir facilita la eliminación de la mucosidad acumulada en las vías respiratorias) y contribuye a eliminar la tos. Las elaboradas de forma artesanal ayudan, además, a combatir el estreñimiento.

No indicada en los bebés. A los bebés menores de 18 meses no debe administrarse, por lo general, debido a que su estómago todavía no está protegido de las esporas del Closridium Botulinum. Estas esporas que pueden sobrevivir en la miel no pueden ser destruidas por el estómago de los bebés, que podrían llegar a desarrollar la enfermedad conocida como botulismo.

Tipos de miel:

De Romero: De color ámbar o blanquecina. Está indicada en casos de estrés y debilidad.

De Azahar: Su color es amarillento y su sabor similar a la naranja. Tiene efecto sedante.

De Eucalipto: Para las dolencias respiratorias y la tos.

De Espliego: Antiséptica, muy útil en bronquitis, resfriados y tos nerviosa.

De Brezo: Sólida y oscura. Protege las vías urinarias y ayuda a superar la anemia.

De Tomillo: Es rojiza. Tiene efecto antiséptico y digestivo.


Osteoporosis (III)

Controle el suplemento de calcio en su casa. Muchas de las marcas de suplementos de calcio genéricas no están bien formuladas, puesto que no se desintegran adecuadamente.

Para verificar el suplemento de calcio se recomienda colocar 2 comprimidos en 180 g de vinagre y esperar durante 30 minutos, mientras revuelve cada 2 o 3 minutos. Si los comprimidos se desintegran en fragmentos más pequeños, significa que se disolverán muy bien en su estómago. En cambio, si el comprimido no se disuelve, es mejor que busque otro.

Consuma suficiente vitamina D. La vitamina D es esencial para la absorción del calcio. Actúa por medio de dos mecanismos: incrementa su absorción en los intestinos y aumenta su reabsorción en los riñones.

        
Si usted pasa muchas horas bajo el sol, puede suponer que está incorporando suficiente vitamina D. Sin embargo, debido a la presencia de la ropa, del sol sólo se obtiene el 10% de la vitamina D que el organismo necesita.

¿Cuánta vitamina D necesitamos? Un mínimo de 400 unidades internacionales (UI) diarias. Las personas mayores de 65 años pueden requerir 800 UI diarias si no se exponen con frecuencia al sol y no consumen suficientes productos lácteos.

La vitamina D está presente en los alimentos que contienen calcio. Un vaso de leche de 250 ml contiene aproximadamente 125 UI. Las mejores fuentes naturales de vitamina d son el salmón, las sardinas y el atún. Por ejemplo, una lata de salmón de aproximadamente 120 g contiene unas 565 UI.

Asegúrese de leer las etiquetas de los suplementos de calcio ya que alguno de ellos contiene también vitamina D. Los médicos no suelen recomendar suplementos de vitamina D, puesto que la ingestión de dosis elevadas puede ser tóxica.

Disminuya el consumo de alcohol. El alcohol reduce la formación de hueso y contribuye a la pérdida de densidad ósea. Beba sólo con moderación (los hombres, no más de una o dos copas diarias y las mujeres, no más de una).

No fume. Si necesitaba otra razón para dejar de fumar, aquí la tiene: el tabaco reduce los niveles de estrógeno. Las mujeres con bajos niveles de estas hormonas corren mayor riesgo de desarrollar la osteoporosis.



Osteoporosis (II)




Añada calcio a su dieta. Algunos científicos creen que la reducción crónica de calcio en la dieta es un factor que contribuye al desarrollo de la osteoporosis.

Un estudio realizado en la antigua Yugoslavia ofrece una clara evidencia de la importancia del calcio. En una región de la antigua Yugoslavia en la que no se ingerían productos lácteos, las mujeres consumían la mitad de calcio diario que las mujeres de otra región en las que se consumían estos productos todos los días. Aquellas que ingerían calcio regularmente tenían huesos mucho más grandes y sufrían menos fracturas después de los 65 años que las otras.

Se recomienda la ingesta de 1.000-1.500 mg diarios de calcio. La leche contiene fosfato cálcico, que es una excelente fuente de calcio.

Sin embargo, la leche no es la única posibilidad. Los quesos y los yogures bajos en calorías son también fuentes de calcio. La leche desnatada brinda la misma proporción de calcio que la leche entera, pero con menos grasas. Otras comidas ricas en calcio son el salmón rojo, las sardinas y las nueces. Actualmente, se venden zumos cítricos reforzados con calcio.

Enriquezca sus comidas. Añada a sus sopas y estofados bebidas como leche deshidratada y desnatada en polvo. Cada cucharada tiene 50 mg de calcio y ¡no tiene grasa!

Haga una sopa. Si añade un poco de vinagre cuando prepara un caldo con huesos, aquél ayudará a disolver el calcio de los huesos. El calcio obtenido en 500 ml de caldo será igual al contenido en 250 ml de leche.

Agregue queso. Tanto por el sabor como por el contenido de calcio, el queso parmesano constituye un buen sustituto de la mantequilla.
Si su dieta no contiene suficiente calcio, ingiera un suplemento. Los suplementos de calcio pueden hacer maravillas, especialmente en las personas que tienen dificultad para absorber alimentos ricos en este elemento. Existen muchos en el mercado; el hecho de que uno de ellos sea adecuado para una persona no significa que necesariamente lo sea también para otra. El carbonato de calcio es en general bien absorbido por la mayoría de los individuos si la dosis se distribuye entre las comidas.

A pesar de que existen otros suplementos, los médicos recomiendan, en principio, el carbonato de calcio debido a que es más barato y ofrece una mayor cantidad de calcio por comprimido. Consulte a su médico si este programa de refuerzo puede ser beneficioso para usted.

Osteoporosis (I)

Aunque todo el mundo puede padecer esta enfermedad, las mujeres son los más propensas, debido a que desarrollan menos masa ósea que los hombres. Además, después de la menopausia, las mujeres pierden una parte de masa ósea a mayor velocidad debido a que ya no producen estrógenos.

Sin embargo, es posible evitar la osteoporosis. Si se toman medidas preventivas adecuadas, no tendrá necesidad de acudir al médico. Los que ya padecen la enfermedad aún están a tiempo de hacer muchas cosas para detener su progresión.

Desgraciadamente, el debilitamiento de los huesos puede producirse de manera casi imperceptible durante años e, incluso décadas. Tanto es así, que los médicos la denominan la enfermedad que destruye silenciosamente.

La mayoría de las personas alcanzan el pico máximo de masa ósea en la columna vertebral a los 25-30 años y en los huesos largos (por ejemplo, las caderas) desde los 35 hasta los 40. A partir de entonces (y, sobre todo, después de los 45), todos los huesos del cuerpo comienzan a perder densidad.

Dado que el diagnóstico de osteoporosis suele establecerse cuando ya es muy tarde (después de una fractura), la estrategia consiste en empezar a luchar de forma preventiva contra la pérdida de masa ósea.

Haga ejercicio para fortalecer los huesos. Si no hace ejercicio, pierde los huesos, pero, además existe otra razón para hacerlo: numerosos estudios han demostrado que el ejercicio incrementa la masa ósea.

En uno de dichos estudios, llevado a cabo en la Universidad Stanford, se comparó a mujeres y varones corredores de larga distancia con otros que no lo eran. Tanto las mujeres como los hombres tenían un 40% más de contenido mineral en los huesos que los no corredores.

Caminar también constituye un excelente ejercicio para los huesos. Se recomienda hacerlo 20 minutos al día, 3 o 4 veces a la semana.


Por supuesto, el efecto de ejercicio no se manifiesta inmediatamente. Si usted es de aquellas personas que tienen que verlo para creerlo, considere el siguiente razonamiento. Un jugador de tenis que utiliza el brazo derecho desarrolla un antebrazo derecho más vigoroso que el izquierdo “pasivo”. Esto es una prueba evidente de que, si usted usa sus músculos y somete sus huesos a cierta tensión, la densidad de sus huesos se incrementará.

El pan

Muchos piensan que engorda demasiado y que no aporta nutrientes. ¡Qué gran error!

El pan es uno de los alimentos que contribuyen a equilibrar nuestra dieta, aunque en los últimos años se enfrenta a una fama inmerecida como causante del aumento de peso.

La muestra es que no todas las familias compran pan a diario. Según el último estudio sobre su consumo elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente y medio Rural y Marino, las personas que tienen entre 20 y 35 años son las que compran pan con menos frecuencia (17,7 días al mes de media); mientras que los más amantes de este producto son aquellos que tienen entre 46 y 55 años, que lo compran unos 20 días al mes.

Ni mucho ni poco. Otra de las creencias erróneas es que no aporta nutrientes importantes, sin embargo, el componente más abundante del pan es el almidón, un hidrato de carbono complejo que proporciona energía, sacia y ayuda a no picar excesivamente entre horas.

De hecho, hay estudios 8realizados en niños) que aseguran que tomar ¾ de una barra normal (es decir unos 150 g al día) reduce los niveles de obesidad y el sobrepeso en niños que tienen ambos problemas porque, tomando esa cantidad, no se abusa ni de las proteínas ni de las grasas. Además de los hidratos, el pan aporta otros nutrientes muy valiosos para el organismo, como son fibra (especialmente el integral o de cereales), y vitaminas y minerales como el fósforo, el hierro, el calcio y el selenio.

Si lo suprimes, acabas picando más. El efecto que tiene el suprimirlo radicalmente de la dieta diaria suele ser el contrario al deseado ya que, lejos de disminuir las calorías y controlar mejor el peso, su ausencia conduce a una mayor tendencia a tomar grasas y proteínas, lo que puede comportar un desequilibrio en la alimentación.


¿Cuánto tomar cada día? Los expertos recomiendan un consumo en torno a 120 g de pan diario por persona (la OMS aumenta esa cifra hasta 200-230 g en personas sanas y con un peso correcto), es decir unos “cuatro dedos” de ancho en cada comida principal (desayuno, comida y cena). Esta cantidad se puede aumentar en función del resto de hidratos de carbono que se consuman a lo largo del día, pero lo que si conviene es tener en cuenta que la cantidad de pan a tomar se distribuya en varias tomas y no en una única. 

Grasas alimenticias


Una de las convicciones más difundidas y más erróneas es que las grasas alimenticias representan una especie de lujo y un aspecto puramente hedonístico de la gastronomía destinado sólo a crear problemas de sobrepeso y de colesterol. En cambio, la realidad es que las grasas o lípidos, junto a las proteínas y a los hidratos de carbono, representan la tríada alimenticia de la que el hombre no puede prescindir.

Así como existen los aminoácidos indispensables, también existen los ácidos grasos indispensables; ambos son materia prima que se asume de forma prefabricada con la alimentación y con la que el hígado producirá una serie de derivados químicos dotados de funciones específicas. No se puede ignorar que toda una familia vitamínica de la que forman parte las vitaminas A, D, E y K, es liposoluble, es decir, está presente en las sustancias grasas; por tanto, una total carencia de grasas alimentarias comprometería el necesario suministro de vitaminas indispensables para la vida.

A los detractores de las grasas, a los “lipófobos” que se olvidan de estas nociones básicas de fisiología humana, hay que recordarles que las membranas celulares a las que les competen tareas fundamentales están formadas de una unión de fosfolípidos, de glucolípidos y de colesterol. De la viscosidad de la membrana lipídica que envuelve las células depende la posibilidad de migración de muchos componentes hacia el interior o el exterior de las células.

La función de las membranas celulares ciertamente está influida por factores nutricionales, entre ellos el exceso de colesterol o la disponibilidad de ácidos grasos poliinsaturados, pero también por las reacciones oxidantes desencadenadas por los temibles radicales libres.


Los estudios recientes sobre el envejecimiento celular han puesto de relieve el papel de las peroxidaciones que transforman la normal arquitectura de las membranas biológicas cuando no hay una suficiente protección por parte de los sistemas antioxidantes (a los que la alimentación puede potenciar)