Medusas

Las medusas y los sifonóforos son dos de los animales marinos causantes de picaduras más comunes. Sus largos tentáculos contienen células urticantes. Cuando pasan a su lado y se frotan contra usted, las células destruyen la piel y le inyectan su veneno. Incluso los tentáculos dañados pueden provocar heridas graves. He aquí lo que debe hacer si tiene un desagradable encuentro con una de esas criaturas.

Lávese. Lávese la herida inmediatamente con agua salada. No use agua fresca puesto que activará las células urticantes que aún no se hayan quebrado. Por la misma razón, no se frote la piel.

Neutralice las células urticantes. Para aliviar el dolor límpiese el área con uno de los productos que se indican a continuación. Cuanto antes lo haga, mejor será el resultado. Sin embargo, el alivio durará sólo un par de horas. Se recomienda aplicar el producto tantas veces como sea necesario.

Alcohol. Rocíe con alcohol las zonas afectadas. Si no dispone de alcohol de uso externo, también puede utilizar vino, licor o cualquier otro producto que contenga alcohol.

Vinagre. Algunos médicos recomiendan el uso del vinagre (incluso sugieren que vaya a la playa con una botella).

Amoniaco. También es efectivo.

Quítese los tentáculos prendidos en la piel. Si aún tiene tenáculos colgados de su piel, ahora es el momento de quitárselos. ¡Cuidado! No los toque con las manos desnudas; intente con los siguientes procedimientos:

1. Envuélvase la mano en una toalla o paño y quite los tentáculos.
2. Use crema de afeitar y aféitese suavemente sobre los tentáculos.
3. Si no le resulta práctico, aplíquese una pasta de arena y agua de mar. Luego, con un cuchillo, tarjeta de crédito o cualquier otro instrumento plano, rasque sobre la piel para sacarlos.
4. Aplíquese una pasta de bicarbonato de sodio y agua de mar y luego rasque en la forma indicada antes.

Trate los síntomas. Trate el picor y la inflamación con una medicación específica.
. Alivie el escozor de piel con antihistamínicos.
. Reduzca la hinchazón con cremas que contengan hidrocortisona.
. Tómese un calmante para el dolor si éste persiste.

Vacúnese contra el tétanos. Si bien el agua salada le limpiará la picadura, no esterilizará la herida. Controle si está vacunado contra el tétanos.


Use mallas en la playa. Si usted quiere evitar a toda costa que le piquen las medusas, póngase unas mallas cuando vaya a nadar al mar. 

La mandrágora

La mandrágora es una planta herbácea a la que desde la Antigüedad se le atribuyen propiedades mágicas. El mito sobre las fuerzas mágicas de la raíz de esta planta, que se parece a figuras humanas horripilantes, llegó a Europa procedente de Oriente. Entre sus cualidades se le atribuía la virtud de dar fertilidad a mujeres estériles, y Afrodita, diosa griega del amor y la fertilidad, era llamada algunas vece Nuestra Señora de la Mandrágora. También se cuenta en la Odisea que la hechicera Circe utilizó la mandrágora para retener a Ulises en su isla.
 
En la Biblia, la palabra hebrea que traducimos por mandrágora tiene la misma raíz lingüística que “amar”. Los ingleses llaman a la mandrágora “manzana del amor”. La palabra alemana que designa esta planta tiene su raíz en runa, que significa “misterio”.

Plinio, en su Historia Natural, aconsejaba que se marcase con una espada tres círculos alrededor de la planta, dándole la espalda al viento, y se terminara el trabajo con la cara hacia el oeste.

En la Edad Media, la mandrágora se relaciona con el diablo. Se creía que los brujos formaban figuras humanas con las raíces y que al disponer de tal talismán se adquiría la facultad de hacer daño al enemigo o conseguir amor o riquezas; o bien, que, si se llamaba a un demonio, éste acudía.

Ya en el Génesis, se hace referencia a esta planta: “Salió Rubén al tiempo de la siega del trigo, y halló en el campo unas mandrágoras, y se las trajo a Lía, su madre, y dijo Raquel a Lía: “Dame, por favor, de las mandrágoras de tu hijo”. Lía le contestó: “¿Te parece poco todavía hacerme quitado el marido, que quieres también quitarme las mandrágoras de mi hijo?”. Y le dijo Raquel: “Mira, que duerma esta noche contigo a cambio de las mandrágoras de tu hijo”. Vino Jacob del campo por la tarde, y saliéndole Lía al encuentro, le dijo: “Entra en mí, pues te he comprado por unas mandrágoras de mi hijo”. Y durmió con ella Jacob aquella noche, y oyó Yahvé a Lía, que concibió y parió a Jacob el quinto hijo”.

Las mandrágoras se utilizaban para ayudar a concebir a las mujeres estériles.


También se utilizaba la mandrágora como ingrediente de pócimas y bebedizos para la cura de diversas enfermedades y otros usos menos sanos. Transcribimos una de las recetas para participar en los aquelarres: “La víspera del aquelarre se pone a macerar polvo de cantárida, de cáñamo indio y de mandrágora, extracto de belladona, opio y cicuta, un pellizco de hachís y hojas machacadas de veleña y de hierba mora. Se cuece todo durante tres horas al baño María.”.

Sandía

Los americanos la han estudiado a fondo. Y se han quedado bastante sorprendidos del efecto que tiene sobre los vasos sanguíneos. Al parecer, uno de sus fitonutrientes (conocido como citrulina que se encuentra de manera abundante en la parte blanca que uno su pulpa a la cáscara) es capaz de relajar los vasos sanguíneos y mejorar la circulación de la sangre, justo lo mismo que se pretende con los fármacos empleados para vencer la impotencia masculina o la falta de libido en la mujer. De ahí que los científicos quisieran comprobar si esta fruta podía actuar tal y como lo hacen esos medicamentos. Y no salieron decepcionados.

Aumenta las defensas. Aparte de ese poder “afrodisíaco”, la sandía contiene arginina, un aminoácido que actúa sobe el sistema inmunológico, reforzándolo, y también beneficia al músculo cardiaco al mismo tiempo que favorece la eliminación de toxinas a través de la orina.

Y cuida tu peso. Esta fruta contiene gran cantidad de agua y fructuosa, y es muy baja en calorías, por lo que resulta estupenda si se desea cuidar el peso. Precisamente por su contenido en agua se le reconoce su poder depurativo del riñón y para eliminar toxinas acumuladas en el organismo. Contiene también fibra y celulosa, por lo que, además de contribuir al correcto funcionamiento de los intestinos, ayuda a lograr sensación de saciedad. Si notas que tomada tras la comida hincha tu estómago (por su gran contenido en agua), tómala entre horas, por ejemplo, en las meriendas.

Si prevés que no la comerás en breve y puede estropearse, prueba a elabora confitura de sandía. Es sumamente fácil de hacer, aunque su valor calórico aumenta considerablemente. Se elabora con 500 gramos de azúcar por cada kilo de sandía (la pulpa, pero también la parte blanca y así aprovechas sus beneficios al completo). Esa mezcla se deja cocer a fuego lento hasta conseguir un almíbar espeso.

Y no podemos olvidar un producto que cada vez tiene más seguidores: el gazpacho de sandía. Se siguen los mismos pasos que si quisieras obtener el gazpacho tradicional, pero en lugar de usar pepino añades sandía. El resultado es refrescante, jugoso y sencillamente exquisito. Si deseas una combinación más vitamínica, haz un gazpacho de sandía y fresa.
 

No la dejes muchos días. Es importante saber, que una vez abierta, conviene comerla cuanto antes porque, en contacto con el aire, esta fruta aumenta su concentración de arsénico, un elemento tóxico. 

Altramuz

Resultado de imagen de IMAGENES DE ALTRAMUSES¿Sabías que es una legumbre? Pues así es. Y pronto podría dejar de ser un aperitivo o un producto “de feria” para convertirse en un alimento común en nuestros platos.

Antiguamente se conocía al atramuz como la carne de los pobres, con lo que tenemos un nuevo ejemplo de cómo la sabiduría popular va muy por delante de algunas costumbres actuales. Numerosos estudios han puesto de manifiesto en los últimos años que el altramuz es una de las legumbres con más proteínas. Sus características nutricionales son similares a las de otras leguminosas, pero contienen muchas más proteínas y es altamente remineralizante, ya que el altramuz es rico en hierro, calcio, potasio y zinc.

Rebaja el ácido úrico. Por otro lado, los altramuces muestran un efecto beneficioso sobre determinadas alteraciones como la diabetes, la obesidad o el exceso de colesterol, al ser una importante fuente de carbohidratos complejos de liberación lenta. También ha demostrado ser un aliado eficaz contra el ácido úrico y favorece el tránsito intestinal, tanto por la cantidad como por la calidad de su fibra. En la actualidad, además se investiga si (junto con la soja) podría ayudar a evitar el llamado síndrome metabólico.

¿Solo un aperitivo? Lo más habitual es encontrar los altramuces en salmuera para consumirlos como aperitivo. De esta forma se conservan durante varios días en el frigorífico dentro de recipientes herméticos. Sin embargo, también se pueden comprar crudos y cocinarse como el resto de legumbres. Lo que no conviene (del mismo modo que el resto de leguminosas) es consumirlos crudos.


¿Sabías qué obtienes cada vez que lo tomas? 400 Kcal, 39 g de Proteína, 180 mg de Calcio, 20 g de Hidratos de carbono, 3.2 g de Triptófano, 21 g de Fibra, 43.1 g de Arginina y 15 g de Grasas saturadas. 

Posición adecuada (IV)

Eleve la pelvis. Puede corregir la curvatura de la espalda mediante un ejercicio muy simple que consiste en elevar la pelvis. Existen tres maneras de hacer el ejercicio. Usted puede hacer una o las tres.

Túmbese sobre la espalda con las rodillas flexionadas a 45 º y los pies apoyados en el suelo. Coloque su mano por debajo de la parte inferior de la espalda, a la altura de los riñones. Empuje la espalda contra su mano contrayendo los músculos abdominales y llevando las caderas hacia abajo. Practique este ejercicio varias veces por día.

Sientese con los muslos paralelos al suelo. Coloque una mano por debajo de la parte inferior de la espalda y la otra sobre el abdomen, justo por encima de los huesos del pubis. Inhale y luego exhale, mientras contrae los músculos abdominales y gira la parte inferior de la espalda hacia debajo de manera que los huesos del pubis se dirijan hacia arriba. Repita el ejercicio durante el día, sobre todo si permanece mucho tiempo sentado.

Mientras esté controlando la curvatur de su espalda de la manera descrita anteriormente, coloque un pie sobre una silla situada frente a usted. Su pelvis se elevará naturalmente, de manera que su espalda se enderezará y se acercará más a la pared que cuando tenía los dos pies apoyados sobre el suelo.

No anda encorvado. Cuando sus hombros caen hacia delante, la respiración resulta menos eficaz por lo que puede sentirse soñoliento y decaído. Para corregir esa joroba póngase de pie con los brazos colgando a ambos lados. Lleve las manos hacia atrá y colóquelas sobre el trasero. Levane los hombros y luego bájelos, llevando los codos hacia atrás. Esto acercará los omóplatos. De esta forma, estirará los músculos del tórax y contraerá los de la espalda. Hágalo varias veces y repítalo con frecuencia a lo lardo del día.

Use una almohada. Consiga una posición adecuada sentándose en una silla moldeada de forma que su espalda se vea forzada a aquearse saludablemente. Si no puede conseguir este tipo de silla, coloque una almohada entre la parte inferior de su espalda y la silla.


No cruce las piernas. Las piernas cruzadas impiden que su cuerpo se mantenga alineado. Los barberos y estilistas lo saben hace mucho tiempo, y por ello insisten en que no cruce las piernas cuando le cortan el pelo. Mantenga los pies planos sobre el suelo. 

Posición adecuada (III)

Mírese en el espejo. Relájese y practique mantenerse erguido. Recuerde que no debe adopta una posición rígida tipo militar, ya que la parte inferior de su espalda quedaría entonces demasiado encorvada.

Párese frene a un espejo en el que se pueda ver el cuerpo entero y controle su postura. Distribuya el peso entre los dos pies y lleve los hombros ligeramente hacia atrás, pero manteniéndolos rectos. El pecho no debe estar hundido. Al llevar la pelvis hacia dentro ligeramente, el vientre se hundirá. Su trasero se contraerá y la parte inferior de su espalda se arqueará muy levemente.

Se dará cuenta de que ha alcanzado la postura correcta cuando pueda dibujar una línea imaginaria que pase por detrás de la oreja, a través del hombro, detrás de la cadera y la rodilla y a través del talón.

Libere tensión. Si usted arquea la espalda, la cabeza se dirige hacia delante; esta postura provoca tensión en los músculos de los hombros y del cuello. Para eliminar esta tensión, lleve los hombros hacia delante y hacia atrás y efectúe rotaciones con la cabeza.

Comience con los hombros en su lugar y llévelos hacia delante unas 10 o 15 veces, como si intentara remar con ellos, y luego, hacia atrás. Después mantenga la cabeza alta y rótela en el sentido de las agujas del reloj. Repita 6 u 8 veces y luego efectúe el mismo ejercicio hacia el otro lado.

Controle la curvatura de su columna. Una espalda perfecta es ligeramente curva. Controle la curvatura de su espalda apoyando la espalda y el trasero contra la pared. Debe poder deslizar su mano entre la cintura y la pared. Si no puede hacerlo o el espacio es muy reducido, significa que tiene la espalda plana. Si, por el contrario, tiene una curvatura muy pronunciada, es decir, puede poner más de una mano entre su cuerpo y la pared, usted padece una enfermedad denominada lordosis.

Eleve una pierna. Si permanece de pie durante largos períodos, coloque una caja en el suelo frente a usted y apoye un pie sobre ella. Esta posición aliviará la tensión de la espalda.

Deje su pie bien plantado. Cuando se ponga de pie, apoye bien los pies sobre el suelo. El hábito de descargar todo el peso en una sola pierna puede originar una curvatura pronunciada en la espalda.



Posición adecuada (II)

Una posición inadecuada desgasta los discos vertebrales, que son los que amortiguan los golpes en la columna. También fatiga y relaja los ligamentos y contrae y estira todos los músculos de manera irregular.

Toda una vida en una posición inadecuada tiende a provocar fatiga crónica, dolores de cabeza y, a veces, deformaciones físicas. No permita que esto le suceda.

Comience cada mañana en equilibrio. Empiece el día alineando el esqueleto. Hay una serie de ejercicios que tratan de estiramientos básicos para encontrar la posición adecuada.

Extensión total de la columna vertebral. Póngase de pie con las rodillas ligeramente flexionadas. Junte las manos por delante. Mientras respira, estire las manos hacia arriba, con las palmas dirigidas hacia el techo, y levante los hombros por arriba de la caja torácica. Espire mientras baja los hombros y la caja torácica recupera la posición previa. Recupere la posición inicial y repita el ejercicio hacia el otro lado.

Flexión lateral. En posición de pie, incline la cabeza hacia la derecha hasta tocar el hombro con la oreja. Intente acercarse todo lo posible a la cadera. Recupere la posición inicial y repita el ejercicio hacia el otro lado.

Repita el primer ejercicio.

Rotación de la columna vertebral. Gire lentamente la cabeza hacia atrás intentando mirar por encima de su hombro derecho. Vuelva la cabeza hacia el centro. Gire la cabeza para mirar por encima de su hombro izquierdo. Vuelva al centro.

Repita el primer ejercicio.

Flexión de la columna vertebral hacia delante. En posición de pie, inclínese hacia delante, dejando caer la cabeza y los brazos hacia el suelo. Flexione y estire la columna.

Repita el primer ejercicio.

Hiperextensión de la columna vertebral. Sentado o de pie, coloque sus manos sobre las caderas e inclínese hacia atrás muy suavemente. Su pelvis tiene que quedar hacia dentro.


Finalice repitiendo el primer ejercicio.