CAPITULO I - EL CONTROL

Se despertó demasiado pronto, como tenía costumbre, miró el reloj y se tiró de la cama sin pensárselo más. Había sido así desde siempre y hay costumbres que nunca había cambiado porque los consideraba como parte de su carácter, su lógica y forma de ser, lo que la definía y le daba sensación de control.

Era una maniática del orden, que todo estuviera en su sitio, el que le correspondía, y eso que hacía algunos años que había aflojado un poco y ahora permitía cierto desorden en su vida, como muchas otras cosas era por su experiencia que le había permitido saber que nada es perfecto.

Había buscado toda la vida la perfección en ella, necesitaba pensar que todo lo hacía bien, lo pensaba todo al milímetro para ello, no se permitía errores y cuando los cometía se odiaba por ello. Alguien le dijo un día que eso era porque sus padres la inculcaron valores muy poderosos, así como límites y formas de estar, la indujeron a que todo debería de hacerlo “como dios manda”, y sin embargo nunca le habían enseñado a parar en la búsqueda constante del perfeccionismo.

Lo primero que hacía siempre era encender el móvil, no sabía muy bien el por qué ya que no era muy habitual que la escribieran o la llamaran a esas horas, pero pudiera ser que siempre esperara una sorpresa, y sin embargo no le gustaban las sorpresas.

Luego encendía el ordenador y miraba su correo, su cuenta del banco y anotaba pulcramente en un Excel los gastos y los ingresos, (nuevamente el control), y después desayunaba en la cocina, que desde que era primavera estaba ya a esas horas, inundada por el sol que tanto la gustaba. Luego revisaba la lista de las cosas que tenía que hacer ese día, lista que había hecho con antelación, para no dejar nada al albedrío.

Se sentía ese día muy vulnerable, sensación que la ponía muy triste. Últimamente se sentía así muy a menudo, pensaba que eran las hormonas o la falta de estas, pero no podía remediarlo. Las mujeres siempre bajo el yugo de las hormonas, sin poder evitarlo ni que nadie pusiera remedio en ello.

Se vistió con la ropa que el día anterior había preparado, cogió la bolsa de deporte y salió de casa para dirigirse al gim.

El gimnasio no la gustaba en absoluto, además a esas horas se llenaba de mujeres que acababan de dejar a sus niños en el colegio y cotorreaban las unas con las otras con el rollo de siempre de colegios, niños, maridos y limpieza de casa. Ella solo las sonreía e intentaba enfrascarse en sus pensamientos, aunque pocas veces lo conseguía. Intentó concentrarse en la música de su mp3 y en hacer correctamente los ejercicios que cada máquina requería, máquinas que estaban hechas para que doliese alguna parte del cuerpo.  Una de las encargadas se acercó a ella para indicarla que el siguiente sábado iban a realizar una cena y que, si en esta ocasión quería apuntarse, puso una excusa ya estudiada anteriormente, y rehusó la invitación.

Siempre le había constado hacer amigos, la gran mayoría de ellos, además, los había dejado por el camino, pues siempre se cansaba también de ellos. Así que solo la quedaban unos pocos, con los que de vez en cuando quedaba para comer, cenar o tomar café, algo que cada día le costaba más hacer.

Estaba sola, muy sola, su poca familia más cercana había ido muriendo poco a poco y ella decidió ya hacía años que no le apetecía nada casarse, se había entregado a su trabajo siempre, trabajo que la hacía sentir útil y satisfecha y se sabía mirada con recelo por sus compañeras ya casadas, ya que por lo general según iba pasando el tiempo nadie entendía que no estuviera viviendo con un hombre o que no siquiera tuviera novio.

Por supuesto había salido con unos cuantos hombres, y pensaba que había estado enamorada de alguno de ellos, pero no lo suficiente y al final siempre se aburría de ellos o se cansaba de que quisieran llevar las riendas de la relación y considerarla inferior a ellos. Excepto en aquella ocasión.  

La verdad es que la época en la que había nacido era así, una sociedad machista en la que los hombres siempre imperaban y las mujeres obedecían. Así había sido con muchas amigas suyas, que a pesar de haberla contado ese defecto de sus novios al final se habían casado con ellos, los seguían aguantando como podían, o terminaban divorciándose.

Y luego por supuesto, todas habían sido madres, cosa que ella no pensaba que pudiera estar preparada. Incluso en un momento determinado creyó que debía tener un bebé, pero luego se dio cuenta que solo era por hacer lo que la gente hacía y por no sentirse aislada en un mundo que nadie entendía.


Le gustaban los niños, pero veía muy complicado eso de educarlos sin cometer los errores que todos cometen y que por un motivo u otro los hacían desgraciados para toda su vida. Las madres tienen la culpa de todo ¿no es así?, ella misma echaba la culpa a su madre de todas sus penurias. Nunca se había llevado bien con ella, siempre pensó que era una mujer frágil que dependía de su marido para todo. Extraordinaria como ama de casa, pero nada más. La ponía nerviosa cuando la veía llorar con los seriales de la radio, o con los dramas de las películas y siempre la subestimó.  Su madre había recibido muy poco cariño en su infancia y en consecuencia tampoco fue cariñosa con su hija y entre ellas siempre hubo un abismo enorme.

Continuará....

LAS PELICULAS DE MI VIDA

Soy cinéfila hasta los poros, no puedo evitarlo, a pesar de que ya las televisiones son muy grandes y puedes ver las películas en diferentes sistemas en ellos, con toda la comodidad que te da el sillón de tu salón o tu cama, a pesar de que son muchas gratuitas, pues se bajan gracias a internet a un pendrive que se enchufa a la tele y se ve en casi pantalla panorámica, a pesar de que puedes verlas todas las veces que quieras… me gusta ir al cine.

Creo que tenía 12 años cuando fui por primera vez al cine sin mis padres. La sala estaba cerca de casa, el cine se llamaba Lus y era un cine de barrio donde ponían películas antiguas. Por aquel entonces solo veías películas de estreno en los cines de la Gran Vía, luego de un tiempo las pasaban a los cines de barrio. Solían poner dos películas por lo que estabas en el cine unas tres horas o más ya que hacían un descanso entre película y película para que pudieras ir al servicio o a comprar chocolatinas o refrescos a su Bar.

Así cuando terminaba una película aparecía un cartel en la pantalla donde decía: VISITE NUESTRO BAR. Por aquel entonces no recuerdo que hubiera tantas palominas como ahora. Podías comprar chocolatinas de Nestlé que venían en un rollito que al abrirlo te aparecían circulitos de chocolate, a mí me parecían deliciosos. También había helados parecidos a los que ahora venden que eran maravillosos.

Por aquel entonces existía la figura de los acomodadores, personas por lo general con uniforme que te llevaban hasta tu butaca. Cuando llegabas un poco por los pelos y las luces de la sala estaban apagadas, el acomodador llevaba una linterna para poder indicarte el camino.

Antes de la película te ponían el Nodo, una especie de documental en blanco y negro, donde se suponían te daban los grandes acontecimientos del país, los grandes avances técnicos y en ocasiones algunas imágenes de las visitas a nuestro país de grandes estrellas de Hollywood. Solía ser la propaganda del gobierno y en general era un tostón aburrido que a nadie convencía ni le interesaba y mucho menos a los niños o los jóvenes, que estábamos deseando que sonara la música con la que siempre anunciaban el final y que empezara la película.

Pues bien, recuerdo esa primera película totalmente emocionada, se llamaba El puente sobre el rio Kwai, aún siento la carne de gallina cuando escucho el silbido de la Marcha del Coronel Bogey. En la película se empieza a escuchar en la jungla muy levemente y va aumentando el volumen según los soldados van apareciendo en formación en la esplanada de lo que sería su campo de concentración japonés.  Creo que desde entonces siento cierta predilección por las películas de selvas enigmáticas y guerra de británicos contra japoneses.

Por aquel entonces lo más terrorífico que podías ver en el cine era Drácula y sus diferentes versiones y Frankenstein, y que siempre me gustaron y siguen gustándome, me encantan las películas que sin demasiada sangre y solo con su suspense me ponen los pelos de punta. Sir Alfred Hitchcock me introdujo en esas películas que me tenían pensando hasta el final de quien era el asesino. Su terror era elegante como todas las actrices que las protagonizaron, la fotografía era perfecta, la música impactante y el suspense te llegaba a aterrorizar con muy pocos datos.

Luego vinieron las películas de ciencia ficción y ciencia ficción-terror que me encantan. Así Blade Runner será una de mis películas favoritas, junto con La guerra de las galaxias, Matrix, Alien u Origen.

Me encantan las películas de humor, aunque cada día cuesta más que una película me saque la risa, en ocasiones solo consiguen que sonría, creo que con la edad te va desapareciendo poco a poco el sentido de humor y solo va quedando la ironía y una filosofía muy cínica. Así los hermanos Marx o Jerry Lewis me encantaban

Me volvían loca las películas musicales, y sus fascinantes bandas sonoras me cautivan. De pequeña veía anonadada bailar que casi era volar a Fred Astaire y Ginger Rogers. Y hasta la fecha es un género que me encanta tanto en película como en teatro.

En mi niñez las películas que más se veían en la tele eran las de vaqueros e indios, se hicieron grandes películas de este género que en la actualidad se reponen en el Telemadrid todos los días. Y los niños jugábamos a eso, a indios y vaqueros o a policías y ladrones. Lo normal es que si eras niño los reyes magos te trajeran cartucheras con revólveres y arcos y flechas, o incluso alguna escopeta y la estrella del sheriff.

Las películas más esperadas las navidades eran las de Wald Disney, y sus creaciones en dibujos animados. Estas tienen varias cosas que me fascinaban, dibujos maravillosos, animalitos parlantes preciosos y una increíble música. Tenían acción, emoción, fascinación, personajes fantásticos, mucha magia y un gran valor musical que a todos fascina.  Me siguen gustando mucho las películas de dibujos animados, además en la actualidad no solo las ven los niños con fascinación, sino los adultos, pues siempre ponen algún detalle que solo los mayores entendemos. Así mi dibujo favorito en la actualidad es el gran Minion, personaje totalmente adorable.

Creo que he visto miles de películas a lo largo de mi vida y una de las últimas que he visto y creo que debería ver todo el mundo es Thuman, una gran película que te hace reir y llorar casi al mismo tiempo. ¡Qué nadie se la pierda!

El caso es que sigo yendo al cine en cuanto puedo, además ahora se cogen las entradas por internet y no hay que esperar colas, y sigo sintiendo algo muy poderoso cuando las luces de la sala se apagan y comienzan los letreros anunciando que algo emocionante va a ocurrir.

Tal como decía Mecano:


La cola de esta noche
no tiene final
dos horas confiando
que no colgaran
dichoso cartelito
de completo está el local.
Logre cruzar la puerta
diez duritos van
no me ponga delante
ni tampoco detrás.
eterno en la pantalla está
el visite nuestro bar.
Las luces se apagaron
esto va a empezar,
la chica de la antorcha
ya ocupó su lugar
preludio de que algo
emocionante va a pasar.
Sobre la foto fija
de una gran ciudad
los nombres y apellidos
de los que serán
actores, directores, productores y demás.
El ruido de las fabricas al despertar
los olores y colores de la gran ciudad
me hicieron sentir que yo estaba allí,
Que estaba allí.
El cuerpo de esa chica que empezó a temblar
cuando el protagonista la intento besar
me hicieron sentir que yo estaba allí,
que era feliz.
Las primeras escenas de aproximación
consiguen que te metas
en la situación
y poco a poco se va
desarrollando la acción.
Parece que se ha producido un apagón
silbidos a cabina
tensa situación
la chica ya estaba desnuda
cuando se cortó.
Recuperado el ritmo
ya llego el final
barullo de murmullos
que preguntan qué ?qué tal?
Y un desfile de zombis
que abandonan el local.
Durante hora y media
pude ser feliz
comiendo chocolate
y palomitas de maíz
sintiendo que era yo,
el que besaba a aquella actriz.
El ruido de las fabricas al despertar
los olores y colores de la gran ciudad
me hicieron sentir que yo estaba allí,
que estaba allí.
El cuerpo de esa chica que empezó a temblar
cuando el protagonista la intento besar
me hicieron sentir que yo estaba allí,
que era feliz.

OLORES

Ha sido hoy cuando he entrado en casa con mi perrito, cuando me he dado cuenta el olor que flotaba ya desde la entrada. No sé por qué he aspirado profundamente y me he sentido reconfortada. 

El día se había levantado antes que yo acompañado de niebla, eso me había hecho estremecer de frío solo de pensarlo. Tengo que decir que a mí las condiciones atmosféricas me pesan en el ánimo, si el día amanece soleado suelo estar más contenta que si lo hace nublado. En ocasiones si antes de subir las persianas pienso que el sol me va a cegar y luego me doy cuenta que no hay ni un rayo, mi voluntad cambia radicalmente.

El caso es que además desde siempre los olores me cambian también mi estado espiritual, y el olor a hogar, ese hogar que he construido alrededor mío me hace sentir protegida, amparada y feliz.

Recuerdo como si fuera ayer el olor de la cartera nueva, los lápices sin utilizar y los cuadernos y libros que me compraban para comenzar el curso escolar, era maravilloso, por ello creo que me siento tan bien cuando entro en una papelería/librería, y tengo el impulso de comprarme todo. Durante mucho tiempo pensé en poner un establecimiento así, me imaginaba rodeada de millones de libros que poder leer, tocar y oler.

Ahora solo leo en libros electrónicos, el aparatito más práctico del mundo mundial, si yo hubiera tenido uno cuando hacia la hora y media en metro que tardaba desde mi casa a la oficina, hubiera sido fantástico, recuerdo cuantos libros de enorme volumen y peso que acarreé siempre en los transportes públicos, pero las cosas pasan cuando tienen que pasar y es ahora que no recorro Madrid de punta a punta cuando tengo un fantástico e-book.

Lo único malo del e-book es que no huele a libro, lo echo de menos, sobre todo cuando empezaba a leer uno nuevo, lo habría con mucha ilusión esperando que su lectura me atrapara como otras veces, de tal forma, que me olvidara de todo y todos y me llevara hasta el éxtasis que algunos me han transportado. Deberían de introducir esa rutina en los e-book, y que cuando se encendieran produjeran un olor a libro nuevo y a hojas recién impresas.

También me viene a la memoria el olor a muñeca nueva, ese olor que aspirabas abrazando a tu nueva amiga y confidente. Cuando la mañana de reyes me levantaba e iba hasta el salón para encontrarme con las sorpresas que allí los magos habían dejado, ya desde el pasillo, podías percibir el olor a muñeca nueva, era fascinante. Olor que desaparecía con el tiempo pero que nunca olvidabas del todo. No sé el motivo, pero ya las muñecas no huelen así, ahora cuando compro alguna para mi nieta, puedo comprobar desolada que no huele a nada o su leve olor no te lleva a ningún sitio.

Y recuerdo el olor a mi madre, recuerdo el perfume que utilizaba y que seguramente ya no se fabricará, pero me dejó huella imborrable. Cuando entro en alguna perfumería busco ese aroma a polvos de cara y perfume de frasquito pequeño de un color ocre que me transporta a abrazos interminables, uñas perfectas, sonrisa encantadora y regañinas con zapatilla en la mano. Mi madre que murió demasiado pronto y que aún hoy la encuentro en mis sueños. Siempre pienso como hubiera cambiado mi vida si mi madre y mi padre hubieran vivido, por lo menos, hasta conocer a sus nietos.

Nunca me ha gustado el olor a nenuco que todas las madres ponen a los bebés e incluso utilizan siendo mayores, creo que es una falacia, mis bebés siempre tenían su olor particular, único y exquisito, sin necesidad de utilizar otra química no natural. Un bebé recién bañado desprende un aroma tan especial que no necesita esconderlo, nunca he entendido las mamás que “bañan” literalmente en nenuco a sus bebés haciendo que ya no resalte su personalidad, y confundiéndoles con el resto de bebés nenucoaromatizados.

En el libro El perfume de Patrick Süskind, al pequeño huérfano Grenouille, no le quieren las nodrizas pues además de voraz y raro, no huele tal como se supone que debe oler un bebé, ahora pasaría inadvertido al recibir las colonias infantiles que existen.

Recuerdo como olían los cines cuando yo era pequeña, me encantaba, y hace poco me he enterado que un español el ingeniero Porcar ha inventado el Olorama, para que se pueda incorporar a los cines. Es un aparatito sincronizado a la wifi del reproductor de la película que dispersa hasta doce aromas diferentes. El aroma dura el tiempo justo en cada escena. Espero que con este invento desaparezca el olor a palomitas de los cines.

Cuando llego a cualquier playa me inunda la paz interior al oler el perfume que emana el mar. Hace poco estuve en Menorca, allí la vegetación está muy cerca del mar y el aroma que hay en el aire es el más fantástico que nadie pueda disfrutar y junto al silencio y el canto de los pájaros hacen que te puedas transportar al nirvana.


Me gusta el olor de la hierba recién cortada, de las rosas primaverales, el de la madera de los árboles, así como la resina que algunos desprenden, el humo de una chimenea encendida, el de la cocina en navidad, el de las velas cuando se apagan, el de tierra mojada de la lluvia en verano, las sábanas recién lavadas, los melocotones y todo aquello que me hace sentir viva.

MOSCÚ EN AGOSTO

Decidí irme en agosto a Moscú por aquello de la temperatura, estoy acostumbrada a como mucho los menos dos grados centígrados y más no creo ser capaz de resistir.

Corría el año 1984 y los reyes de España hicieron un viaje a lo largo de la URSS, era la primera vez que un rey español visitaba ese país y a partir de entonces las relaciones diplomáticas mejoraron. El caso es que decidí visitar Moscú y embarcarme en el tren Flecha roja de Moscú hasta San Petersburgo y desde allí viajar hasta Helsinki, pero esa es otra historia.

A pesar de estar en Moscú y ser agosto, teníamos que ir con abrigo, los nativos iban en manga corta, supongo que están acostumbrados a temperaturas extremas que para nosotros son mortales.

Moscú es la ciudad más poblada de Rusia y está a orillas del Moscova, un rio impresionante y oscuro. El hotel donde me hospedé era inmenso, como todo allí, te podías perder entre sus pasillos enmoquetados y no ver a nadie en su recorrido, tuve casi que hacer un plano para llegar a la habitación ya que la lengua cirílica que imprimían los carteles no ayudaba nada a entender tu posicionamiento.

A pesar de ser una ciudad muy poblada, no parecía que hubiera mucha gente en sus calles y es que todo está hecho a lo grande de tal forma que los edificios a pesar de ser enormes estaban a mucha distancia unos de otros y las calles eran tan anchas como largas por lo que se distorsionaba la perspectiva. Te ponías a cruzar una calle por el paso de cebra y cuando llegabas cinco minutos andando te dabas cuenta que aún te quedaba más de la mitad para llegar hasta la otra acera.

Decidí utilizar el metro primero porque siempre me gusta utilizar los transportes públicos allí donde voy y así tomar el pulso a los lugares y porque además me habían dicho que el metro era un verdadero museo, allí lo llaman el palacio del pueblo y fue construido en tiempos de Stalin.

De primeras estás perdido, pues siempre los planos y carteles estaban en cirílico y no había quien lo entendiera y a pesar de que los moscovitas son muy amables no había quien los entendiera. Pero una vez que lo vas conociendo te va cautivando. Allí los trenes pasan continuamente, no hace falta correr para coger uno, pues el siguiente llegará en menos de dos minutos. Es muy curioso que los anuncios sonoros que indican la próxima estación es una voz femenina si nos alejamos del centro y masculina si nos aproximamos al centro. Pero si realmente quieres conocer las mejores estaciones hay visitas guiadas para ello, sobre todo si no sabes ruso.

Me sorprendió la velocidad que van las escaleras mecánicas y la apertura y cierre de los trenes, es mejor andar cauto si no te quieres caer. Y dentro de los vagones viajan los moscovitas muy silenciosos. Me llamó poderosamente la atención que muchas personas mayores llevaban puestas medallas en las solapas de abrigos y chaquetones.

Y como no, visite el Kremlin uno de los sitios Patrimonio de la Humanidad, está en la plaza más grande que me había topado hasta entonces. El Kremlin consta de cuatro catedrales y cuatro palacios y por supuesto el mausoleo de Lenin que fue construido a su muerte en 1924. Su cuerpo embalsamado se exhibe al público, las normas de cortesía indicaban que las mujeres debían de ir con falda, pero a mí me permitieron entrar con pantalones al ser extranjera. La costumbre allí es que los novios visitan a Lenin después de su boda y en los exteriores se hacen fotos y videos, ya que está prohibido hacer fotos en su interior. Por ello cuando fui la plaza estaba tomada por parejas con sus trajes de boda.

Por supuesto la catedral de San Basilio es el monumento que más llama la atención, con sus cúpulas que parecen bulbos de un colorido increíble. Según me dijeron existe una leyenda que dice que el zar Iván hizo dejar ciego a su arquitecto Yákovley para que no pudiera construir más algo parecido o mejor.

La moneda con la que compré fue el dólar a pesar de que la oficial era el rublo. El rublo lleva impreso el emblema del banco ruso con un águila de dos cabezas y las monedas o kopeks están impresas por San Jorge con una lanza atravesando a un dragón.

Visité el Teatro Bolshói un magnífico edificio en la que se representa, danza, opera y teatro. Al parecer cuando se inauguró, actuaron un ballet catalán. Y allí pude ver mi pieza favorita, el Lago de los cisnes, me quedé impresionada, creo que nunca he visto algo tan hermoso.

Otra de mis visitas fue al centro Panruso, un centro de exposiciones de los logros económicos de la URSS. Este centro es un inmenso parque con casetas, edificios, fuentes y una pista de hielo gigantesca. Me pareció muy curioso que la entrada principal fuera un arco del triunfo. Allí puedes estar todo el día visitando todo lo que allí exponen y lo que más me llamó la atención fue el Museo de la Cosmonáutica, donde pude ver el primer satélite que los soviéticos mandaron llamado Sputnik y su famosa perrita Laika y pude entrar en el interior de un módulo espacial. Lo que allí se expone me pareció muy diferente a lo que nos acostumbran los americanos en sus películas y en sus viajes espaciales.

Un día decidí ir a una librería con libros en español y junto con una pareja que conocí allí nos dispusimos a ir. La ida fue fácil pues cogimos un taxi a la puerta del hotel, pero la vuelta fue más difícil, pues allí los taxis solo los podías coger en las paradas y nos llamó la atención que había filas de personas para cogerlos. Luego nos dimos cuenta que allí las embarazadas, los niños pequeños, las personas que están cargadas con bultos o los minusválidos tienen preferencia para coger los vehículos, y como ninguno de nosotros estábamos en esas circunstancias tardamos una vida para poder llegar al hotel.


La gente allí me pareció seria pero muy amable y la sensación es que hablan poco, pero trabajan mucho y con mucha precisión, a pesar del frio, Moscú es una ciudad maravillosa digna de ser visitada. 

ANDAR

Desde siempre me ha encantado andar, es además de un pasatiempo mi deporte. Ya desde muy jovencita empecé a andar evitando coger el metro o el autobús y así recorría la ciudad. Me gusta mucho andar por la mañana temprano, incluso no me importa demasiado si aún no ha amanecido. Así que en muchísimas ocasiones me he levantado más pronto para poder llegar al trabajo andando.

Tengo que decir que siempre he vivido lejísimos de donde he trabajado, así que me era difícil poder llegar andando, pero he ideado siempre trucos para poder andar. En ocasiones cogía transporte público hasta donde podía empezar a andar hasta la oficina y así empezaba el día con las pilas renovadas y ganas de comerme el mundo.

Soy de biorritmo mañanero. Cuando estudiaba no me importaba levantarme a las 5 de la mañana para hacerlo, por lo que nunca me ha importado levantarme a esa hora para poder andar. Sin embargo, a partir de una hora determinada de la tarde ya no soy nadie, me cuesta andar o hacer cualquier cosa física o intelectual, excepto leer.

Nunca he sido de las que cuando suena el despertador, se queda un ratito más en la cama, yo me levanto inmediatamente y estoy lista para comerme el mundo, pero no soy trasnochadora, no me han gustado nunca las fiestas nocturnas o acostarme tarde.

En la empresa en la que trabajé casi 34 años, siempre era una de las primeras en llegar al despacho, y trabajaba toda la jornada laboral casi sin descansar para irme a mi hora y poder dedicarme a mi vida personal. Incluso en ocasiones llegaba una hora antes de la que estaba establecida, sin importarme, pero me fastidiaba mucho tener que trabajar después de la hora del final de la jornada laboral. Sin embargo, siempre a los jefes les encantaba llegar tarde y quedarse por las tardes, a nadie le gustaba esto, pero muchos compañeros copiaban a los jefes y llegaban tarde y se manchaban en cuanto el jefe se iba. Algunos miraban por la ventana el parking y si el coche del jefe ya no estaba, salían pitando de la oficina. 

Yo me quedaba a trabajar cuando no tenía más remedio y observé siempre que los que habitualmente se quedaban lo hacían para hablar entre ellos y dejar pasar el tiempo, es decir lo hacían solo para quedar bien con el jefe o la empresa. Allí estaba muy mal visto que “se te cayera el lápiz a las cinco”, pero no que perdieras el tiempo en la oficina hablando de fútbol.

En varias ocasiones se me hizo saber que la dirección de la empresa estaba “disgustada” conmigo porque no me quedaba después de la hora establecida, incluso un jefe directo me lo dijo, indicando que eso era lo que se esperaba de mí, cuando le dije que yo solo me quedaba cuando el trabajo lo requería me dijo que lo tenía que hacer siempre, si no quería tener problemillas. En efecto, como seguí yéndome a mi hora tuve problemillas.

Me he apartado mucho de mi camino inicial, que era contarles lo que me gusta andar. Intento siempre hacerlo con mi mp3 y la música que me gusta que es un revoltillo de música clásica, moderna, posmoderna, pop, etc., así que las canciones las escucho cambiando temas, cantantes y épocas, así puedo estar escuchando el concierto N.º 1 de Chaikovski, luego una de Mecano, después una de George Michael, a continuación a Nena Daconte, Tom Jones, una de los Beatles, Steve Wonder, una de Rosana, Ray Chales, Presuntos Implicados, Nat King Cole, Monserrat Caballé, Michael Hanson, Michael Buble, Louis Armstrong, George Benson, Frank Sinatra, Enya, Elvis, Bruno Mars o bandas sonoras de películas o zarzuelas.

Andar siempre ha logrado poner en su sitio los problemas o las comeduras de coco de las que soy tan habitual. Andar me conecta con mi Ego y me transporta al más allá de mi presente, pasado o futuro.

Así que cuando mi médico de cabecera me aconsejó andar “media horita” todos los días casi me meo de la risa, no quise desilusionarle y le dije que lo intentaría. En la actualidad lo hago con Caifás, mi perrito que está acostumbrado a mi paso y corre que se las pela a mi lado siempre.

Cuando viajo intento también andar por las ciudades para conocerlas más de cerca, creo que no hay nada mejor que andar mezclándote con la gente que mora allí. Así que he andado muchísimo por ciudades como Nueva York, Torrevieja, Moscú, Lanzarote, La Habana, Mallorca, Roma, La Coruña, Budapest, Praga, Menorca, Valencia, Florencia, Toledo, etc., etc.

Si es cierto que tengo predilección andarina por grandes parques, playas inmensas o senderos montañeros. A pesar de ser muy urbanita, me chifla respirar aires menos polucionados, olisquear el mar y olfatear los árboles en flor.

He notado además que me gusta andar sola, sin otros humanos, como he notado que me gusta ir al cine sola también, me encanta elegir los silencios y las películas que veo como la música de mi mp3, un tanto desordenada para romper con mi costumbre por el orden.

No me gusta andar bajo la lluvia, hay gente que le encanta a mí me horrorizan los charcos, el barro y los paraguas, por lo que si cuando me levanto llueve me quedo anonadada y me quedo en casa, para ver llover desde la frontera acristalada de la ventana. Siempre he dicho que no podría vivir en sitios como Galicia o Escocia, creo que viviría permanentemente deprimida y triste.

Si, andar y hacer caminos me hace feliz, respirar paz, tranquilidad y escuchar solo el rumor del viento o el canto de los pájaros o el oleaje del mar mientras mis pasos me llevan sin sentido a cualquier parte.








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LOS HIJOS

Tengo dos, un chico y una chica y puede que sea lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida.

Y sin embargo no me prepararon para tenerlos, no me educaron para educarles, no me dijeron nada de lo que realmente sucede cuando los tienes. Si recapacito creo que incluso me engañaron.

Soy de la generación sándwich, en la generación que nos han enseñado el respeto por nuestros mayores, la que o estudiabas o trabajabas y cuando trabajabas dabas su salario en casa, sin rechistar, porque así eran la cosas por aquel entonces. Además, sabias que tenías que cuidar a tus padres cuando se hicieran mayores, aunque ya tuvieras tus propios hijos. Yo tuve mala suerte y no me dio tiempo a cuidarlos, mi padre murió cuando cumplí 21 años y mi madre 7 años después, en los dos casos de forma drástica, contundente, rápida y feroz, que hizo que lleve una carga psicológica importante, creo que me he sentido huérfana toda mi vida.

Pero como decía, soy de la generación sándwich en la que además tienes que cuidar a tus hijos muchísimo tiempo, con la sensación de que nunca se van de casa completamente.

Puede que por ese sentimiento mío de huerfanismo, siempre he tenido miedo de morirme y dejar solos a mis hijos. Me pasé toda su infancia queriendo que cumplieran YA los 18 años, pues así pensaba que, si yo faltaba, ellos podrían decidir por sí mismos su futuro sin tutor alguno…. ¡que equivocación!, ahora tienen 31 y 25 y sigo pensando que me necesitan para casi todo y que yo tengo que estar allí, al pie del cañón, para ayudarles y alentarles, ser su apoyo económico cuando lo necesitan y no fallarles nunca.

No es que quiera morirme, no, pero sí que me gustaría no tener la sensación de que aún tengo que vivir para mis hijos. No me gusta estar sola, pero se lo bonito e importante que es echarles de menos, no tener que pensar en ellos a cada momento y no sentirme mejor, peor, estupendo o fatal, dependiendo de cómo les vaya a ellos.

Sé que en España gracias a toda esa generación sándwich siguen viviendo muchas familias en la peor crisis que hemos conocido, después de la guerra civil. Los abuelos actuales son los que cuidaron a sus padres hasta que faltaron, criaron a sus hijos hasta que pudieron irse de casa, cuidan a sus nietos en la actualidad para que sus hijos puedan hacer “sus vidas” y muchos de ellos además ayudan económicamente gracias a sus pensiones.

¿Alguien se da cuenta de lo que supone eso? ¿Alguien puede imaginar el arrojo, la valentía, la fuerza, el valor y la inteligencia que hace falta para hace ese trabajo?

Dicen que los abuelos que cuidan a sus nietos son más longevos, ¡no te fastidia, claro!, la carga que llevan a cuesta hace que sigan en pie con las botas puestas hasta la extenuación.

Pero volvamos a mis hijos, creo que intenté por todos los medios hacer lo mejor para ellos, no solo físicamente sino psicológicamente, para ello leí millones de libros al respecto, los estudié, los analicé, intenté ser justa e imparcial, no quise protegerlos demasiado pero siempre intentando ser parte de sus vidas. Sus amigos siempre han sido mis amigos, así sabia con quién estaban, he intentado educarlos en la ética, moral e igualdad de sexos, pero seguro que metí la pata muchísimo más de lo que creo. Seguro que alguna vez un psicólogo/a les diga que por culpa mía….

Siempre he dicho que la profesión más difícil es la de ser padres, si digo profesión aposta, porque es un trabajo arduo y difícil, que no enseñan en ninguna universidad, colegio o instituto. Sin que decir tiene que además no todo el mundo se lo toma en serio y fracasa estrepitosamente en el empeño. Recuerdo una frase magnífica de Keanu Reeves en la película “Hogar dulce hogar, a veces”. En ella cuenta como su padre le tiraba cigarrillos encendidos para despertarle y continúa diciendo: “para conducir hay que hacer un examen, para pescar necesitas un carnet, pero ser padre puede serlo cualquiera”. En efecto, cualquiera puede ser padre y madre y no se les enseña ni se les pide la correspondiente preparación para ello.

Así que haces lo que puedes, en un mundo muy difícil para educar en valores, y si intentas hacerlo lo mejor posible, te vas a encontrar con numerosos problemas de todo tipo, en la escuela, en la sociedad e incluso en tu familia. Porque encima, todo el mundo, al parecer puede opinar de cómo lo haces y puedes ser criticada por cualquier cosa. Y hagas lo que hagas, ni tus hijos, ni esta sociedad, ni nadie te dirá que lo has hecho bien, todo lo contrario.

Así que mi sentimiento de culpa por haber hecho un mal trabajo siempre estará ahí, siempre pensaré que he hecho poco o que he sido demasiado protectora, o que tenía que hacerme comportado de otra forma y así les hubiera ido mejor a mis hijos.

Creo que mi última frase en este mundo será: lo siento, lo siento en el alma, no haber hecho más por vosotros,  por haberos fallados en múltiples ocasiones, por no haber sido la madre que os merecéis, pero he hecho todo lo que sentía que debía hacer.


Porque el ser madre es eso, un puro sentimiento, nada razonable, nada palpable, nada lógico, todo lo contrario, ser madre es en definitiva puro amor incondicional. 

SER UNA MUJER

Por nada en el mundo cambiaría mi sexo, soy mujer por convicción y porque claro está, nací mujer. Pero en el mundo actual y me temo que en el mundo desde que es mundo ser mujer siempre es un engorro. Por más que se haya creado el día internacional de la mujer trabajadora o el de simplemente el día internacional de la mujer como dicen ahora, el ser mujer es un rollo. No solo te desprecian por ser la más débil, (según muchos hombres, claro está), sino que además algunos hombres piensan que somos menos inteligentes y sin embargo yo pienso que somos las MAS EN TODO.

A las pruebas me remito, en principio, todo nos cuentas más, vivimos en un mundo de varones y hecho para y por los varones. Una amiga dice que, si las mamografías se las tuvieran que hacer también los varones, ya se inventarían algo para que no dolieran, y tiene razón.

Lo peor de todo es que las mujeres son las que educan a los varones y está claro que los educan para ser machistas porque si no fuera así, a estas alturas todos los humanos, hombres o mujeres seríamos iguales en todo y para todo.

Además, se dice que las pocas mujeres que llegan al poder son más duras con las otras mujeres, eso lo he visto y he sentido yo en mis propias carnes.

Todo a todas nos cuenta mucho más que a los hombres; los padres son más protectores con las hijas que con los hijos, por lo que con el tiempo nuestro ego es aplastado con la idea de que no valemos tanto como ellos. En el colegio también somos discriminadas por los profesores, ya que muchos y muchas dicen que no se nos da bien las matemáticas o en general cualquier asignatura de ciencias y de alguna forma nos lo hacen saber en nuestro inconsciente de tal forma que así es como actuamos. Y de igual forma se nos trata en los estudios superiores.

Somos descartadas en muchísimos trabajos por ser mujer. En la empresa donde trabajé toda mi vida nunca hubo almaceneras o mecánicas hasta que se convenció al director correspondiente que el almacén y el taller estaban muy sucios y que los empleados (todos ellos hombres) iban descuidados a trabajar, así que decidieron contratar a un par de mujeres para que así los hombres cuidaran de su aspecto y fueran más limpios con su entorno de trabajo. El objetivo se consiguió, pero las mujeres tuvieron que hacerse “valer” en ese entorno 100% varonil. Con el tiempo se demostró que no había diferencias entre unos y otras, pero siempre fueron un numero irrisorio las contratadas para el mismo trabajo y con el tiempo desapareció la figura de la mujer en esos departamentos.

Sin embargo, hay trabajos que al parecer solo son para mujeres. Existe un número elevado de mujeres como profesoras de infantil, los hombres al parecer no “valen” para cuidar a los más pequeños del colegio. Hay muchas más mujeres limpiadoras que limpiadores, no se dé nadie que sea varón y que valla por las casas limpiándolas ¿alguien conoce a alguien?

He estado trabajando toda mi vida en un departamento de RR. HH de una empresa de venta de productos para la construcción, y los o las compañeras que hacían selección lo tenían muy claro, contrataban a mujeres para los trabajos administrativos porque se sabía que cualquier cosa que se las pidiera lo harían, mientras que los hombres no lo hacían tan bien, pero para trabajos de técnicos se contrataban a hombres. Los vendedores fueron siempre muchísimos más que las vendedoras, pues algunos jefes de ventas pensaban que las mujeres no hacían buen papel en las obras, y sin embargo hubo vendedoras que vendía muchísimo más que cualquier compañero.

En una ocasión un director me dijo literalmente: “para ser mujer bastante ganas”. En otra ocasión otro director me propuso que fuera jefe de personal, y cuando le dije que estaba embarazada, no solo ya no lo fui, sino que me dio un sermón diciéndome que las mujeres jamás seriamos iguales a los hombres, pues cuando quedábamos embarazadas teníamos que faltar 4 meses a nuestro puesto de trabajo y además nuestro absentismo era mucho mayor por tener que cuidar a nuestros hijos. Además, me puso por ejemplo a un compañero que según él nunca faltaba al trabajo. Un año después el compañero que sirvió para darme ejemplo calló enfermo de Cáncer y como era lógico tuvo que faltar mucho tiempo a su trabajo.

Creo que ninguna mujer llegará a ser presidenta del Gobierno, ni que el número de ministras sea superior al de ministros, ni que haya más mujeres que hombres en las empresas del Ibex. He perdido toda la esperanza.

Y sin embargo está demostrado que las mujeres podemos hacer lo mismo o mejor que los hombres en todo lo que nos propongamos, pues somos capaces de hacer dos o tres cosas a la vez, porque cuidamos a nuestros maridos y a nuestros hijos o a nuestros padres en edad avanzada, al mismo tiempo que trabajamos en la casa y fuera de la casa, al mismo tiempo que nos tenemos que cuidar nuestro aspecto, esto ya por obligación, pues si no es así dirán que no nos cuidamos y seremos miradas muy mal.

Las mujeres no tenemos nada que ver con el anuncio de "Ya está aquí la primavera en El Corte Inglés".

Como verán estoy hablando de las discriminaciones en un país que se dice ser liberal y civilizado, imagínense los países que no lo son tanto….

Pero me encanta ser mujer, aunque todos los días tenga que esforzarme por encontrar un lugar en un mundo repleto de hombres. 

NO SOLO LOS GOLPES DUELEN